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“La historia del reloj de la Torre”

“La historia del reloj de la Torre”

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“La historia del reloj de la Torre”

Por: Eloísa Dueñas Bohórquez

Cuenta la leyenda que un poderoso hombre del Guateque de finales del siglo IXX y principios de síglo XX, queriendo inmortalizar su nombre y viendo la necesidad que había de conocer la hora en su pueblo; recordemos que era tan solo para los privilegiados poseer un reloj de cadena o bolsillo (pues no existía el de pulso ni mucho menos la emisora que nos diera la hora constantemente).

Entonces indagó por todos los medios disponibles a su alcance y para la época, quién sería el mejor artista relojero del mundo, para que fuese el encargado de fabricar uno para él; cuando supo quien era no le importó el precio ni la distancia, tan solo quería cumplir con ese sueño.

Pues aprovechando su grandiosa fortuna, le encargó un reloj para ponerlo en la parte más alta de todo el lugar: la torre de la iglesia del pueblo, eso si enorme para que fuese visto desde todos los puestos cardinales y que en medio de él llevase escrito su nombre.

Pasados meses de meses, llegó el tan famoso reloj cuidadosamente empacado para que no sufriera daño alguno en su largo recorrido; por supuesto acudieron todos los habitantes, el señor cura, las autoridades a destapar la exclusiva novedad que sería donado a toda la municipalidad. Pero oh sorpresa el reloj tenía un defecto: si bien todos sus números estaban escritos en Romano, el número cuatro apareció con cuatro números uno ( cuatro palitos) y no como debía ser IV.

El poderoso hombre montó en cólera y envió hombres para que “hicieran justicia” quitándole la vida al relojero, por su lamentable error.

Enterados de esta temible noticia, el gremio de relojeros de todo el mundo a manera de protesta pacífica y para hacerle un honor al recuerdo de su colega sacrificado, continuaron escribiendo el cuatro de esa misma forma (IIII), en todos los relojes que producían …

Y colorín colorado este cuento ha terminado.

En la primera parte conocimos la leyenda del reloj de nuestra torre, ahora conoceremos la verdadera historia de este reloj.

Existía en Guateque un hombre muy acaudalado, cuya fortuna no provenía de su trabajo, si no que había sido heredada de sus mayores; así que la despilfarraba a manos llenas.

Contaban sus contemporáneos que desde pequeño lo acostumbraron sus padres a gozar de los mejores juguetes y ropa importada, a darle gusto hasta en los más mínimos caprichos y que con el tiempo al fallecer sus progenitores, ya poseedor de una gran fortuna se dedicó a dilapidarla.

Una de sus pasiones eran los caballos de raza y pura sangre que mandaba traer de otras latitudes y que hacía bañar en champaña.

Era precisamente montado en ellos que acostumbraba salir a pasear por las calles del pueblo, pero con una particularidad y era que en los amplios bolsillos de sus zamarros, guardaba cientos de monedas que iba lanzando a diestra y siniestra para que chicos y grandes siguieran su recorrido, con el fin de alcanzar a recoger alguna de ellas. (Las monedas de aquél entonces si tenían un gran y representativo valor).

No contento con eso, hacia paradas por la carrera 7, actual calle del comercio y sacaba billetes, los enrollaba a manera de cigarrillos, les prendía fuego y luego los arrojaba; como no alcanzaban a quemarse y aunque así fuera, muchos no escatimaban en quemaduras con tal de hacerse a éste dinero.

Pues bien este personaje era Víctor Reyes quien pasó a la historia del pueblo por haber obsequiado a la municipalidad el reloj de nuestra torre grabado con su nombre, aunque no por su historia García Marquiana que pocos la conocían y que a propósito tuvo un trágico final, pues murió en la inopia, comiendo sobras o de la caridad de algunas familias que lo conocían.

En cuanto a la parte de la leyenda que habla de la muerte del artesano constructor del reloj y el homenaje de sus colegas, está basada en una historia Francesa donde Carlos V ordena decapitar al hombre que le construyó un reloj y escribió de esa manera el número cuatro y no le valió argüir que estéticamente era mejor escribirlo así para que fuese más fácil leerlo pues queda de cabeza y que además los etruscos ( de donde provienen los números romanos, lo escribían así).

Con esta leyenda vernácula, queda demostrado que nuestros abuelos eran personas instruidas que volvieron viral una historia francesa, acomodada a su propio entorno.

Y cada vez que vean hacia la torre, recordarán a don Víctor el que quizás su única buena inversión fue dejarnos un reloj para la posteridad.

Ojalá algún buen samaritano lo vuelva a poner a funcionar!!!

Fuente: Eloísa Dueñas y Dirección de Cultura y Deporte.

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